sábado, 11 de junio de 2011

EN LOS CAMPOS DE LOS OLVIDADOS

Después de Lampedusa en Italia, Malta es el destino por el que más optan cientos de africanos que huyen de los combates en Libia. Pero aquí, Europa cobra el aspecto de un hangar insalubredonde se hacinan con la esperanza de obtener un improbable asilo político.

Enclaustrados a su llegada en centros cerrados, los exiliados identificados como "vulnerables" se reparten por los centros de acogida abiertos. Uno de ellos se reserva a las familias. El lugar se llama Hal Far y se encuentra al final de una línea de autobús, aislado de comercios y de las viviendas normales, en las inmediaciones de las pistas de un aeropuerto abandonado. Allí se concentra una treintena de familias a la espera de protección internacional. En este lugar, el aire es a menudo húmedo, asfixiante en verano y glacial en invierno. Dawit, un etíope de 35 años, que salió de Trípoli con su mujer y su hijo de dieciséis meses, forma parte de los desafortunados residentes del hangar. "Agradezco a las autoridades maltesas porque salvaron mi embarcación del naufragio y porque nos acogen", comienza diciendo.

"Pero hay que decir que este lugar es horrible, realmente horrible. Procedemos de Somalia, Etiopía, Eritrea, algunos de Gana y otros de Argelia. Aquí sólo hay familias con niños. El más pequeño tiene un mes y medio. También hay una mujer que dio a luz al llegar. La sacaron del centro de detención y cuando el bebé nació, los volvieron a traer al centro".

"Todos estamos agotados", continúa. "¿Y dónde nos han metido? En este hangar, donde todo está sucio y es peligroso. No tenemos luz: sólo hay dos fluorescentes para todo el lugar y no hay nada para alumbrarse en las tiendas. Las superficies están impregnadas de aceites, las evacuaciones de agua no funcionan bien, hay ratas corriendo por todos los sitios. Todo esto es tóxico. Los bebés se tocan la boca, los ojos, sufren infecciones, se ponen enfermos. Hay que llevarles constantemente al hospital. Hemos visto a un médico italiano llorar al verles. La última vez que tuve que ir a buscar medicamentos para mi hijo a la farmacia tuve que pagar 39 euros. Esto no puede continuar así.

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